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Las banderas de Chile flamean desde hace más de una semana por las calles de Copiapó, el municipio al que serán transportados los mineros cuando salgan de la mina. Alguno de los 33 hombres atrapados comentó ayer a un rescatista que le dolía la mano de firmar autógrafos en las banderas de Chile que les envían decenas de organizaciones y empresas.

El país se siente orgulloso de los supervivientes, de los ingenieros que han peleado por sacarlos y del Gobierno que impulsó un gigantesco dispositivo de salvamento. Quedan horas para que comience la mayor operación de rescate de toda la historia de la minería. Los periodistas cruzan rumores sobre el orden en que ascenderán los mineros.

Los vecinos de Copiapó se cuestionen en qué lugar elegirían ellos salir. Ya se cuenta con que el último de los mineros pasará a la historia como el que más tiempo sobrevivió a un derrumbamiento en una mina. Y en medio de la excitación, algunos mineros han confesado a sus familiares que les cuesta combatir la ansiedad.

Desde arriba se les está remitiendo más cigarrillos que nunca. Se les ha encomendado en numerosas ocasiones que durante los 15 minutos aproximados que perdurará el ascenso a la superficie procuren no hiperventilar: la respiración suave y pausada. En todo momento podrán comunicarse a través de auriculares y teléfonos con los médicos de la superficie.

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